Su nombre es Cirilo, tiene el cabello sucio la mirada triste y una sonrisa esperanzadora.
Mientras que se encuentra sumergido en el pavimento abraza el sol, habla con la arena y abre un poco la boca para saborear el hambre.
Observa sus pies descalzos como hace siete años, gira un poco la cabeza y observa a su madre que por primera vez parece tener tiempo para divagar en sus pensamientos, gira un poco más la cabeza y observa a Daniela, blanquita, sonriente con sus pies descalzos por opción, y se percata que esta vez no es mirado con lastima.
Sigilosamente se sienta a su lado, Daniela lo ignora y corre hacia el agua. Cirilo la persigue mientras que piensa que no tendrá ropita caliente para cambiarse después.
Intenta acariciarla con el agua, no lo logra. De repente sus pies se encuentran, ella sonríe y Cirilo huye robando para él y guardando para siempre en su memoria como un trofeo aquella sonrisa.

