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Damian y el àrbol

Damián, era un niño muy curioso y travieso de 8 años, que le encantaba hurgar en los cajones de su padre, cada cosa nueva que encontraba en ellos, era una nueva aventura para él, su padre que era consiente de eso tenia un baúl enorme, donde guardaba sus objetos mas preciados, y le tenia prohibido a su hijo hurgar en el.
Un día cansado de no encontrar nada nuevo, decidió abrir aquel baúl, tan solo para mirar, pero al ver una cámara enorme acompañada de fotografías antiguas de su padre, no aguanto las ganas de salir a probarla.
Al mirar el sol quiso atrapar sus rayos, luego quería saber si también podía atrapar el agua, ya que esta nunca estaba quieta, y así paso el día, pero cuando se dirigía hacia su casa se topo con una pequeña ardilla, se concentro en su cabello que dibujaba sombras conforme al sol, sus dientes casi tan blancos como su alma, pero lo que mas llamo su atención fue su mirada, esa mirada solitaria que le recordaba la suya.
Trepo al árbol para fotografiarla, con tan mala suerte que la rama donde se encontraba comenzó a quebrarse, cayó, rompió su brazo, la cámara y un pedacito de su corazón. Su padre no lo reprendió tan bruscamente como Damián lo esperaba, pero pudo ver la enorme tristeza que había provocado en él.
Los años pasaron y Damián no cambio mucho, solo que adolescente sonreía un poco menos. Un día mientras caminaba por los al redores de su casa, fijo su mirada en un enorme árbol, luego de unos minutos se concentro en una de sus ramas ya que le pareció que era diferente de todas, de pronto vio una pequeña hendidura que era un poco mas clara que el café espeso de aquel árbol, pero particularmente parecía mucho mas fuerte, fue entonces cuando recordó aquel suceso y se pregunto como el árbol había podido cicatrizar tan rápidamente sus heridas, y las de su corazón aun seguían tan abiertas.

Ciudad papila!!!!!!

Después de una noche ella despierta con el sabor a tequila y saliva seca, entra al baño, pero el fuerte sabor a menta no alcanza a disfrazar el sabor a noche.

Entra a la ducha y mientras enjabona su cabello una gota de espuma cae entre sus labios, generando así el cotidiano sabor a químico endulzado.

Se viste, va a la cocina, toma dos naranjas que producen en su lengua una sensación cítrica, sus glándulas salivales se activan , su boca empapada le recuerda de nuevo el licor trasnochado.

Entra al garaje y un leve sabor a gasolina nauseabunda le desagrada. Sube a su auto y al encenderlo el Glade del aire acondicionado le sabe a fresa postiza.

Abre las ventanas y ese sabor a hierva mojada la conforta un poco, después de 10 minutos es hierva mojada se transforma en humo.

De pronto siente un sabor a trigo con levadura, desvía su mirada y aquel sabor agradable se transforma de manera inesperada a un sabor agrio y oxidado que le recuerda el mortal sabor a sangre.

Veinte minutos después el sabor a suero la despierta. Dejando atrás aquel sabor a mañana.

CIRILO

Su nombre es Cirilo, tiene el cabello sucio la mirada triste y una sonrisa esperanzadora.

Mientras que se encuentra sumergido en el pavimento abraza el sol, habla con la arena y abre un poco la boca para saborear el hambre.

Observa sus pies descalzos como hace siete  años, gira un poco la cabeza y observa a su madre que por primera vez parece tener tiempo para divagar en sus pensamientos, gira un poco más la cabeza y observa a Daniela, blanquita, sonriente con sus pies descalzos por opción, y se percata que esta vez no es mirado con lastima.

Sigilosamente se sienta a su lado, Daniela lo ignora y corre hacia el agua. Cirilo la persigue mientras que piensa que no tendrá ropita caliente para cambiarse después.

Intenta acariciarla con el agua, no lo logra. De repente sus pies se encuentran, ella sonríe y Cirilo huye robando para él y guardando para siempre en su memoria como un trofeo aquella sonrisa.

El olor del sonido.

El punto era casi estratégico, perfecto. El contraste de muchas gamas de verde con el metal colorido, el olor a cannabis con aquellas notas repetidas minuciosamente, excitan los sentidos.

Alguien pasa, observa no es difícil saber hacia dónde se dirige, recorro el suelo, hojas secas. La frescura es desdibujada por aquella autopista, El do, re, mi, retumba en mis oídos nuevamente, esta vez es acompañado por un fa, sol de otro instrumento.

Al parecer los pájaros sintieron envidia de aquel sonido que robaba la atención del viento. Pájaros, música, hierva, hojas secas, pavimento, rocas, sillas, autos, ocio, melancolía, silencio.

Treinta de Noviembre.

Hoy mientras dormía lo observe por un buen rato. Recuerdo perfectamente esa sensación: mis glándulas salivales se activaron, pero no de deseo sino de repulsión, mi garganta palpitaba y mi entresueño se fruncía.

Me concentre un poco más y pude ver su interior, no era liquido como pensaba, todo lo contrario era más sólido que su piel.

Mientras más lo miraba más repugnante me parecía, su cabello que un principio me encanto ya no estaba, su piel tomo un tono algo extraño,  ya no era lisa ni podía reflejarme en ella, me parecía abultada, desagradable y su olor cada vez más se me parecía al pantano.

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